MIREIA PINTÓ, mezzosoprano VLADISLAV BRONEVETZKY, piano

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31 de julio 2014 22h

MIREIA PINTÓ, mezzosoprano
Vladislav Bronevetzky, piano
ORQUESTA DE CÁMARA TERRASSA 48
QUIM TÉRMENS, dirección

PROGRAMA

1a parte

MOZART
Divertimento en Fa M KV 138

CHOPIN
Concierto para piano y orquesta n. 2 en fa menor, op. 21

-Maestoso
-Larghetto
-Allegro vivace

2a parte

biberón
Battal en Re Mayor, C. 61

TOLDRÀ
Canción de pasar cantante (Sagarra)
Romance de Santa Lucía (Sagarra)
Festejo (Maragall)
A la sombra del almez (Garcés)
Abril (Catasús)

MOZART
Ch’io mí Scordia di te? Non temer KV 505

currículums

Mireia Pintó, mezzosoprano
Orquesta de Cámara de Terrassa 48
Quim Térmens, director-concertino
Vladislav Bronevetzky, piano

COMENTARIOS

Dos partes bien diferenciadas, por su grado de popularidad y conocimiento, son las que nos presenta la magnífica Orquesta de Cámara Terrassa 48 junto a los solistas Mireia Pintó y Vladislav Bronevetzky en el concierto de clausura del XX Festival Internacional de Música Clásica Sant Fruitós de Bages.

La siempre fascinante música de WAMozart (1756-1791) será la que abrirá el concierto con la interpretación del Divertimento en Fa Mayor, K.138 (1772), una obra que, si bien ha terminado interpretándose habitualmente con un orgánico para orquesta de cuerdas, era original para cuarteto de cuerda. Compuesto como serie junto a los Divertimenti K.136 y K.137 nos encontramos con una obra donde un Mozart de sólo 16 años es capaz ya de mostrar sin tapujos un talento artístico que, con los años, acabaría por marcar el rumbo de la historia de la música. En esta serie de divertimenti hay percibimos una fuerte influencia de la música italiana, en especial en lo que tiene que ver con el estilo melodioso y cantabile. No es esto fruto de una valoración musicológica, sino más bien la consecuencia natural de la gira realizada por Mozart en Italia, acompañado de su padre Leopold, durante el curso 1770-1771 donde el joven compositor de Salzburgo pudo conocer las músicas de compositores como JA Hasse, N.Jommeli, G.B. Sammartini y N. Piccinini, entre otros.

A pesar de llevar el número 2 en su catálogo, lo cierto es que el Concierto para piano y orquesta n º 2 en fa menor, opus 21 de Frédéric Chopin (1810/49) es, en realidad, el primer concierto compuesto por el virtuoso polaco , si bien fue publicado posteriormente en el Concierto para piano y orquesta n º 1 en mi menor, opus 11. Estrenado por el propio Chopin en Varsovia el 17 de marzo de 1830, nos encontramos ante una obra donde Chopin despliega un chorro de invención melódica y una alta expresividad que lo justifican como uno de los grandes nombres del primer romanticismo. Sin embargo, hay que decir que el concierto, estructurado en tres movimientos, participa de una planificación formal de lo más deudora de los conciertos para piano clásicos de WAMozart y LvBeethoven (1770-1827) que Chopin había estudiado en el Conservatorio de Varsovia de una manera libre e imaginativa. Especialmente relevante nos parece señalar el segundo movimiento donde Chopin realiza una lectura personal del estilo belcantista de compositores operísticos como G.Rossini y V.Bellini como muestra de la pasión secreta, confesada en unas cartas, por una joven cantante del Conservatorio de la capital polaca. Admirado por Schumann y Liszt, el tercer movimiento se construye en base a una mazurca. Escrito para orquesta con efectivos consistente en maderas a dos, 2 trompas, 2 trompetas, trombón, timpani y cuerdas, escucha la versión para cuerdas rebosante de la esencia poética que contiene uno de los conciertos más maravillosos de la primera mitad del siglo XIX.

Heinrich Ignaz Franz von Biber (1644-1704) es, posiblemente, uno de los compositores más exitosos del siglo XVII, a pesar de un desconocimiento generalizado. Creadores de obras canónicas como las Sonatas del Rosario o la Misa Salisburgensis para 53 voces, una de las obsesiones de Biber fue el de materializar musicalmente rasgos propios del descriptivismo. Es bajo este prisma que debemos situar su Battaglia à 10 para violín, cuerdas y continuo donde, siguiendo la tradición de otros compositores como Janequin, Gabrieli o Byrd, intenta imitar los sonidos de una batalla a través de la escritura musical.

El compositor vilanovino Eduard Toldrà (1895-1962) es, indudablemente, una de las grandes personalidades musicales en Cataluña durante la primera mitad del siglo XX. Las circunstancias, sin embargo, hicieron que Toldrà tuviera que emplear, desde 1944, grandes esfuerzos en la dirección orquestal al frente de la Orquesta Municipal de Barcelona, un hecho que no le permitió dedicarse con más intensidad en la creación musical. Considerado como uno de los grandes exponentes del llamado Novecentismo, Cinco canciones son las que podremos escuchar, esta noche, en un orden diferente al cronológico que ahora desglosamos: Canción de pasar cantante (1928) y Romance de Santa Lucía (1924) ambas con letra de José M.de Sagarra (1894-1961), Festejo (1915) con texto de Joan Maragall (1860 a 1911), A la sombra del almez (1924) con texto de Tomás Garcés (1901-1993) y Abril (1920) de Trinidad Catasús (1887-1940). Todas ellas son de lo más paradigmáticas del exquisito tratamiento musical dado al texto poético logrando una unidad poético absolutamente referencial en la historia de la música catalana.

No menos referencial es la última de las obras del concierto: el aria de concierto KV 505 «ch’í mí Scordia di te? … Non temer, Amato bene «de WAMozart compuesta para soprano, piano obligado y orquesta en Viena en 1786. Estructurada en forma de escena (recitativo y rondó), originalmente fue concebida como un aria de inserción para el personaje de Idamante perteneciente a su ópera Idomeneo. Dedicada a Nancy Storace, parece que el estreno tuvo lugar el 23 de febrero de 1787 con el propio Mozart como intérprete de piano. Que la escena fue rápidamente un éxito lo demuestra como el 12 de mayo de 1789, Mozart volvió a interpretar a la Gewandhaus de Leipzig junto a la cantante Josepha Duschek.

Oriol Pérez y Treviño


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